Victoria Fabrizi forjó su camino en el deporte con sacrificio y determinación. Migrante y peleadora, encontró en el kickboxing una pasión, pero también un espacio para desafiar sus propios límites. Desde su debut en el ring hasta la consagración como doble campeona mundial, cada pelea fue una prueba de resistencia, aprendizaje y carácter. Hoy, instalada en Sabadell, sigue entrenando con la misma intensidad, porque en su vida, como en el ring, rendirse nunca fue una opción.
El camino de Victoria Fabrizi hacia la gloria mundial en el kickboxing no fue recto ni fácil. Como muchos migrantes, su historia está marcada por decisiones que implicaron dejar atrás afectos, desafiar lo establecido y aprender a convivir con la nostalgia. Su camino la llevó por distintos países, enfrentando no solo rivales en el ring, sino también los desafíos de la migración y la incertidumbre. Hoy, tras conquistar el Mundial en Alicante en 2024, su historia es la prueba de que la determinación puede más que cualquier obstáculo.
De la pelota a los guantes
Victoria Fabrizi nació en Mendoza, Argentina. Allí creció en un ambiente en el que el deporte era una parte esencial de su vida con el fútbol como primera gran pasión. Durante una década, se calzó los botines y lideró equipos en la Liga Mendocina, incluso llegando a ser capitana y competir en alto nivel. Hasta aquí, su historia se parece al inicio de Estefanía Banini. Pero el destino tenía otros planes para ella.
Su historia con las artes marciales comenzó casi por casualidad. En uno de sus viajes a España, en un descubrimiento de nuevas experiencias, un gimnasio de boxeo en Mallorca despertó su curiosidad. «Siempre me llamaron la atención las piñas», dice entre risas. Sin saberlo, ese primer contacto con los guantes abriría un camino que la llevaría a lo más alto del mundo como peleadora Proam.
El nacimiento de la «Loba»
El deseo de explorar y salir de su zona de confort la llevó a recorrer el mundo. Mallorca, Madrid, Italia, Australia… cada lugar fue una escuela en sí misma. Entre mudanzas, trabajos y entrenamientos, su identidad como peleadora fue tomando forma.
Sin embargo, competir profesionalmente mientras se es migrante no es sencillo. «Cuando estás viajando, las urgencias son otras. Si te lesionás y no tenés respaldo, ¿qué hacés?», se pregunta. La estabilidad, o la falta de ella, marcó los momentos en los que pudo enfocarse de lleno en su carrera deportiva. Fue recién cuando regresó a Argentina en 2019 que encontró un equipo que la impulsó a pelear seriamente. Ahí nació la Loba.

La pandemia, la pelea más dura
2020 parecía el año de su despegue. Había debutado en el ring con una victoria clara y tenía planes de volver a Europa. Pero la pandemia lo cambió todo. Se quedó varada en Argentina y, en medio de la incertidumbre, su padre falleció por COVID-19.
«Fue un golpe que me cambió la cabeza», confiesa. «Mi mamá también estaba internada y por un momento pensamos que la perdíamos a ella también». En esos meses oscuros, el deporte fue su refugio. «No tenía ganas de entrenar, pero me forzaba. Y menos mal, porque eso me salvó», reflexiona.
Con el tiempo, la necesidad de moverse volvió a pesar. Quedarse en Argentina significaba estar con su familia, pero también renunciar a otros sueños. Así que, en noviembre de 2024, después de cinco años en su país natal, decidió regresar a España. Esta vez, con un objetivo claro: demostrar de qué está hecha.
Un mundo dominado por hombres
El kickboxing, como muchas otras disciplinas de contacto, ha sido históricamente un deporte dominado por hombres. Sin embargo, Victoria nunca se sintió desplazada. «Como empecé a entrenar en Europa, nunca me encontré con ese machismo que quizás podía haber en otros lugares. Acá tienen otra cabeza». Aun así, cuando regresó a Argentina, se sorprendió gratamente al encontrar un equipo que la integró sin diferencias. «Desde el primer día, fui una más. Nunca sentí que me miraran distinto por ser mujer, y eso fue clave para que me quedara en ese equipo».
Sin embargo, no todo ha sido sencillo. «Me ha pasado que algunos hombres, cuando les pegás, les agarra ese orgullo machirulo y quieren devolvértela con más fuerza. O que dicen ‘yo no me animo a pegarle a una mujer’ y después te revientan la nariz». Con el tiempo, aprendió a manejar esas situaciones y a valorar los entrenamientos con otras mujeres.
«Tenemos el umbral del dolor más alto y somos muy competitivas. Me gusta entrenar con chicas porque compartimos la misma mentalidad».
Muchas son las personas que aparecieron en su camino deportivo. «Fernando Amaya, y Mauricio Bataglia son dos profes que me ayudaron muchísimo, fueron como un ancla», destaca, mientras que agrega que recuerda con mucho cariño al grupo de los Huargos que en un momento complicado y según sus propias palabras le permitieron canalizar todo en las artes marciales.


El mundial y la consagración
En 2024, llegó el gran desafío: representar a Argentina en el mundial de kickboxing en Alicante. Campeonato que conmemoró los 60 años de la Federación Mundial de Kickboxing (WKF). Con más incertidumbres que certezas, se subió al avión con su equipo, los Hell’s Fighters, y lo dejó todo en el ring. Cinco peleas en un solo día. Cinco victorias. Doble campeona mundial.
«Era como estar en una burbuja. Solo éramos la otra y yo. Nada más existía». Para Fabrizi, esa experiencia no fue solo deportiva. Fue la confirmación de que estaba en el lugar correcto. El equipo argentino, conocido como los Hell’s Fighters («Peleadores del Infierno»), tuvo una actuación sobresaliente, obteniendo 56 medallas de oro y dominando el medallero. Este apodo no es casualidad: los argentinos se han ganado la fama de ser combatientes aguerridos, que nunca retroceden. «Nos pueden tirar, nos pueden golpear, pero siempre nos levantamos. Eso nos distingue», dice con orgullo.
«Me bajé de un ring y me subí al otro, así cinco veces. Ya en la última pelea sentía que no daba más, pero había que seguir», cuenta. Entre sus rivales se encontraban luchadoras de Brasil, Chile y Argentina, esta última en la final de low kick. «Nos cruzamos mucho con compatriotas porque éramos muchos argentinos y llegábamos hasta las instancias decisivas», explica.
Victoria compitió en las categorías low kick y K1, consagrándose campeona en ambas. «Mi estilo siempre fue agresivo, de ir para adelante, pero el Mundial me enseñó a tener más paciencia y estrategia», reflexiona.
España y el futuro
Hoy, instalada en Sabadell, la Loba entrena como el primer día, mientras busca nuevos desafíos. Los problemas y las satisfacciones típicas de la migración, el estar lejos pero a la vez experimentar nuevas cosas, no le escapan a su realidad. Adaptarse a una cultura distinta y sobrellevar la distancia con la familia no es menos complejo que un combate.
«Extraño a mi familia, la comida, las juntadas… pero también valoro lo que tengo acá, la calidad de vida, eso es algo que suma»
Victoria sigue soñando en grande. El paso lógico es debutar como profesional, algo que su equipo y su propio rendimiento ya le reclaman. Pero más allá de los títulos y medallas, hay algo que tiene claro: «Sea donde sea, el ring me enseñó a pelear. Y en la vida, hay que pelear».